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Materia Orgánica

En el suelo, el papel de la materia orgánica es de enorme transcendencia. La riqueza de un suelo depende tanto de su calidad física como química, y en ambas, la materia orgánica juega un papel esencial.

La cantidad de microorganismos, pequeños insectos, artrópodos, vertebrados, células vivas, restos orgánicos, en resumen, la vida que desarrolla el medio edáfico es de una actividad biológica extraordinaria. Es la parte “viva”, de distinta procedencia animal, vegetal, microscópica…

Actúa sobre la parte “muerta”, constantemente sometidas a procesos de descomposición, transformación y resíntesis. Así, por tanto, la materia orgánica, fresca, incorporada recientemente al suelo, una vez en contacto directo con éste, inicia un proceso de descomposición provocado por los microorganismos de este, generando una actividad biológica importante responsable de muchas de las propiedades beneficiosas del suelo.

En síntesis, la propia materia orgánica se renueva y se descompone, y en esa descomposición los suelos reciben la cohesión, la riqueza mineral y el sustrato idóneo para nuestros cultivos.

La materia orgánica contenida en un suelo mineral es pequeña, variando de 1 a 6% en la zona superficial y menor en el subsuelo. A pesar de su pequeña cantidad, su influencia en las propiedades de los suelos es muy grande:

  • Mejora de estructura y agregados de partículas minerales. Incrementa la aireación y la cantidad de agua que puede retener el suelo:
    • La materia orgánica promueve una mejor unión de agregados estructurales. Tanto en suelos arcillosos como arenosos mejora las propiedades de estos, aumentando el número de macroporos en los primeros y de microporos en los segundos, contribuyendo por tanto a una mejor aireación en los suelos pesados (arcillas) y a una mejor capacidad de retención hídrica en los suelos arenosos, excesivamente sueltos. Esta característica mejora además la resistencia a la erosión y a la pérdida de suelo agrícola, especialmente por escorrentía superficial.
    • Es capaz de retener iones; entre ellos, algunos micronutrientes del suelo:
      • Tanto los AF como los AH son considerados coloides hidrofílicos, cargados eléctricamente, captadores de cationes y aniones, evitándose su pérdida por lavado. Con respecto a los primeros, las cargas negativas son neutralizadas por elementos Ca++ y Mg++ formando parte del reservorio de cationes intercambiables del suelo. Éstos, pasa a estar disponibles por el sistema radicular de la planta, ya que, de otra forma, se podrían perder por lixiviados, especialmente en aquellos climas de precipitaciones frecuentes y en aquellos suelos desestructurados.
      • Esta característica, junto a la anterior, es la responsable del incremento de la CIC (capacidad de intercambio catiónica) del suelo.

 

  • Efecto quelatante de los ácidos húmicos y fúlvicos sobre Fe, Mn, Zn y Cu: Directamente relacionado con el apartado anterior, y debido a la composición molecular de los ácidos húmicos y fúlvicos, ofrecen un efecto quelatante sobre algunos microelementos que le confieren mayor disponibilidad para su absorción radicular y aprovechamiento en las múltiples rutas metabólicas que los forman.

 

  • Es fuente de nutrientes (N, P, S):
    En la propia descomposición de la materia orgánica y ligada a los procesos microbiológicos asociados a la misma, se liberan distintas formas moleculares que contienen macroelementos en formas asimilables por la raíz de la planta. Tanto es así que se considera, además, la adición de materia orgánica como un aporte mineral de liberación lenta, es decir, un “reservorio” mineral que proporciona de manera paulatina N, P y S, entre otros.
  • Contribuyen a la absorción de energía y a aumentar la temperatura del suelo: Biológicamente, la actividad microbiológica es generadora de energía. Físicamente, el color oscuro absorbe radiación. Ambos procesos elevan la temperatura del suelo y, por tanto, contribuyen, entre otras cosas, a una mayor proliferación radicular.
  • Regulación del pH del suelo.

Estimulantes del crecimiento: Varios investigadores relacionan la presencia de AH y AF con un potencial precursor de fitohormonas. Así como con la transformación de sustancias potenciales tóxicas para las plantas.

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